Historia de un sueño


Soñé ser rey y desperté siendo mendigo. Soñé ser dios y desperté siendo rebaño. Nací pobre para soñar no ser vasallo. Y así, soñando ser lo que no era; descubrí que en los sueños de delirios de grandeza, yacen esperanzas de hombres y bestias.
Necios bastardos de sangre infame luchan por ser hombres de linaje, y en la oscuridad de la noche sin luna despiertan entre sudores de plomo acre. Dioses broncos desde el cielo observan las macabras historias de estos hombres, y se divierten, si que se divierten viendo la escena tan mala y lamentable. Las ilusiones de esos hombres le enseñan el camino recto, y las elegías de muerte y sangre, matan a esos dioses, ahora infames. Mientras, en la ciudad que nunca duerme y en la tierra de poniente crecen sombras magistrales de ocre y verde.
Hombres sabios callan, hombres tontos demasiado hablan. Profetas profanos de corazón cristiano anuncian el fin del mundo y la campana del naufragio. La luz de la razón ensombrecida por lo sagrado, renacerá tarde o temprano. Siglos oscuros esperan al hombre en las tinieblas. Croan pájaros y pían ranas. Lloran estatuas y aparecen hadas. Gritos de desconsuelo y lamento por los tiempos pasados, evocan sombras de amor derrotado.
Linaje burgués podrido es la clase dominante, y el pobre obrero muere, muerto de hambre en la calle. Promesas de democracias nuevas que recuerdan viejas guerras, hacen morir al hombre que forjó la hoz, que fundió el martillo.
Estudiantes de dintel violeta se aburren con su libreta. Y pensando en la botella y salir de fiesta, no saben las que se les echa. Viven su “carpe diem” y mañana gritarán “ubi sumt?”. Lo que les cabe esperar no lo se, solo que nunca vendrá.
Pero más allá de estos sueños rotos, yace la esencia del hombre que antaño fue mono. Quizás fuere todo mentira, quizás será verdad. Yo lo medito en silencio y en la mas oscura soledad.

Hiván Ramone