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Miña Terra (O Bierzo)

Ay! miña terra,

miña terra.

Dende aquí vexo a lume 

que che queima


Ay! miña terra,

miña terra.

Hasta aquí chega o fumo

e as bagoas da xente vella.


Ay! miña terra, 

miña terra.

Que os montes 

son cinza,

e os campos terra erma.

Os pozos quedaron pobres

e la axuda nunca chega.


Dende lonxe hoxe miro

os paramos queimados

e os campos esgotados;

i xente que con pena 

camiña pola montaña sen herba

chora forte e xa non canta.


Púes do que era nada, nada queda


hivanramone - Agosto 2025

(Aquest poema va ser compost amb el dolor que els incendis de l'estiu de 2025 que van assolar la meva terra natal, O Bierzo) 

Fang

S’ensuma el fang a les voreres,

a les clavegueres i al camp.

Nosaltres, les desposseïdes,

ens haurem de tornar a alçar.

Si amb la porra i la falsa bandera ens hem de tornar a topar,

ho farem dignes i belles,

encara que a sobre ens quedi fang.

 

I en aquesta hora que arriba

la veu tornarem a alçar,

i sota la negra bandera,

tronarem a lluitar.

 

Que són ells els més culpables,

plens de merda i de calç,

però el foc d’aquesta terra

han de tornar a tastar.

 

Que poc ens importa la mort,

si ninguna de nosaltres queda,

doncs la llum en aquesta vorera

com un llamp ens ha de reviscolar.

 

I encara que no hi haja poetes,

bandolers ni gent del camp,

us farem pagar car

l’hora que ens vau abandonar.

 

Perquè “allò que val és la consciència de no ser res si no s’és poble”.


hivanramone

Vull el temps

Vull que passi el temps,
i quan aquest passi, volar.
Volar sent una serp
que, al matar el temps,
vola com un ocell.

Assaltar muntanyes,
assecar el mar.
Matar mil hores
per mai no haver de tornar.

Que el temps mai passa,
i quan passa ja és massa tard.
Viure dins l'ansa
d'aquell mariner sense mar.

Patir la pena de l'oblit,
el perdó mai exigit.
Viure sent perdiu,
I que viure mai no tingui sentit.


Iván G.

i què puc saber!

 

Què puc saber jo, que tinc dues vides prestades

i un ànima que vaig hipotecar per peces al diable per no haver-me de trencar tot sol.

Què pot saber aquell que va viure a la Lluna i les estrelles,

i les nits d’hivern etern no va voler cantar-li al Sol.

I què podria saber aquell nen, innocent i incomplet,

que mirava el pas del temps

com qui mira l’albada per primer cop.

I què podré saber mai jo,

que ara miro les onades del mar i ja no penso,

i que ja no crec en albades ni posades de sol.

Esperança

Que la mort us esperi contentes, atentes i disperses.

Que la lluna us cridi de dalt i no de baix.

Que el sol que us il·lumina els dies no desaparegui a mig matí.

Que el dolor i la nostàlgia no us espantin obrir el cor.

 

Que les ferides es curen cantant i llavors els mals de cap se’n van volant.

I la llavor que porteu dins eixirà, tornarà el cant d’ocell i la festa ha de sonar.

 

Que no us robin l’estiu, ni la tardor ni l’hivern.

Que la primavera sigui un nou començament que s’enlaira a volar amb el vent.

Les sirenes cantaran baix, els vaixells podran continuar.

Que t’embriagui l’aventura de no tornar enrere per plorar.

 

Que les ferides es curen cantant i llavors els mals de cap se’n van volant.

 I la llavor que porteu dins eixirà, tornarà el cant d’ocell i la festa ha de sonar

 

Que em miris a l’inrevés, al dret i de costat.

Que eixuguis la teva galta plena de llàgrimes amb la meva mà.

Que em miris de lluny, de prop i a mig camí.

Que em besis per tapar-me la boca quan acabo de cantar.


Apocalipsis


La soledad es inmensa en la casa y el pesar de las horas cae a plomo sobre la existencia del ser. Hedor a humano desvalido y obscuro. En la sombra hay monstruos, y se proyecta en cada rincón del espacio otrora vivo, ahora muerto.
Decaen los gigantes sueños de virtud, renacen los viejos miedos. Y con poco te hundes en la muerte en vida por no saber blandir la existencia en este tiempo que se te ha dado. Desánimo e imperfección infinitas bajo el orbe de la soledad que grita.
El silencio hace daño, blande en la carne del alma sus cuchillas de hielo seco y frío. Ahóganse los gritos del fondo bajo las olas del mar bravío interno. Hoy, todavía, la primavera no ha entrado por la puerta, se arraiga a mi lado un invierno eterno.
He roto todos los espejos, he tirado la cubertería. No puedo mirarme a los ojos, porque solo veo el vacío, la nada de Atreyu avanzando ferozmente desde el umbral sombrío que hay después del alma.
El canto de los pájaros taladra mis oídos y la luz del sol me quema las entrañas. Eso está significando que me acostumbro a la oscuridad, a la noche sin luna ni estrellas, al ocaso de mi espíritu, que me abandona en cada aliento que exhalo.
Regreso a Benedetti, a Neruda y a Sábato. Busco aplacar la feroz bestia que me aferra con fuerza a la negror. Me grito para dentro: “No te rindas, por favor no cedas”, pero me abandonan las fuerzas. Miro en la noche y veo como “tiritan, azules, los astros a lo lejos”; me doy cuenta de que yo también “puedo escribir los versos más tristes esta noche”.
Me derrumbo en la cama, llego a ella en sopor y adormecido. Bebo de mi mismo las aguas del sueño, el de los justos y los injustos. Me acurruco a mi lado, sorteando lo frío del lecho. No hay ruidos, no hay luz, solo se oye la nada. Me hundo en mis sueños, profundo, hondo. Mi último pensamiento: “¿Y si no despierto?”.

IG.

Miedo.


Miedo.

Saltar por la ventana, huir, escapar de la sombra larga que se estira tres de mí. Y la ruleta gira lenta, la bola se apresura a caer en el maldito número, y yo tiemblo. Miro hacia atrás y hacia delante, demasiado peso en un lado, demasiada incertidumbre en el otro.

Repaso las hojas del diario, un diario de tiempo y fuego, de hielo y sangre. Dolor y alegría, desazón y camaradería. Y de nuevo miedo, de mirar al frente, de enfrentar el duelo.

Caigo a los pies, forcejeando con el tiempo, y la ruleta aún sigue girando lenta.

Sudores fríos, latidos huecos. Sabor a sangre y olor a fuego. Queman las viejas heridas, vuelven los antiguos anhelos. Y miro al frente, pero no veo.

Miedo.

Dejar al viento los recuerdos, los frágiles y fugaces momentos. El abismo, el desconsuelo. Me rompo y me reviento, me flagelo y me revuelco en el frío yermo marchito de los viejos tiempos. Nada, hielo y nada. “No te rindas, por favor no cedas”, leo entre las rejas de la vieja habitación desierta, pero perdí el agua del mar en un vaso roto, conté los granos de arena de la playa de mis recuerdos, y perdí allí el último vuelo.

Caigo y me rindo, me desangro en el yermo. Corro descalzo sobre los cristales rotos del mágico espejo. Y la sombra que me persigue se levanta, se alza con fuerza y sed de venganza.

Miedo.

Cae sobre mí su larga manta, que me ata a su espalda. La sombra alta, con ojos blancos y olor a hojalata. Aprieta mi garganta, el sabor metálico me abrasa. Y en la cueva del olvido yazco mientras canta el viejo himno del vencido, del perdido camarada. Y yo cedo sobre mí mismo, para escapar de su atormentada estampa.

No tengo fuerza, me he roto tantas veces que ya no sé cómo recomponerme.

Miedo.

De nuevo en el vacío, solo y sin abrigo. Frío, olvidado, perdido. ¿Quién soy? Desesperanza, doblegado y derrotado por la oscuridad. Agonizo en un rincón húmedo y desolado. ¿Dónde está el rescate? No va a venir, nunca hubo rescate.

En las dunas de negra arena, en el pasto marchitado iluminado por una luna de sangre oscura, allí yace el cuerpo inerte de la luz y la esperanza. Hostigado por los oscuros presagios de la noche sin estrellas, cayó rendido y fue despellejado por los buitres bajo órdenes de la larga sombra.

Miedo.

Ya no soy, ya no estoy. La sombra regresa, pero ya no me resisto. No huyo, no puedo. Me controla el miedo, y caigo a sus pies de nuevo. Clava su mirada en mis ojos marchitos. Tiemblo. Empiezo a desaparecer, me estoy deshaciendo. Solo quedan piel y huesos. Desaparece la poca luz que albergaba, la sombra se la traga.

Miedo.

Me arrastra al pozo donde lanza mis recuerdos. Y ahora, frente a mí pone al abismo. Extiende su largo brazo dándome una señal inequívoca: “Es la hora”. Desde su altura, de nuevo con su mirada fijada en mí, me ofrece el último paso hacia el final: El Abismo, dónde está el principio y el final. Y salta primero el miedo, que abandona mi cuerpo.

Final.

Dubitativo, sigue su brazo extendido, que indica hacia dónde he de dirigirme ahora. Un pequeño, único y sutil paso. El final de todo, ahí, donde yace lo que fui, lo que soy y lo que nunca seré. Cierro los ojos, mientras, con su otro brazo, me incorpora. Controla mi cuerpo, pero yo no me resisto, no tengo fuerzas, ya hace tiempo que me abandonaron. Unos segundo más y empiezo a caer.

Aún sigo cayendo.

Ain't

Esa mujer, esos labios
decorados con saliva suave,
ese meneo
de caderas desencajado,
ese andar imposible,
esa mirada felina.
Un soplo de vida
a una alama envejecida.
Un abrazo de los tiempos
para alejar
la letanía esclarecida.
Un beso es suficiente
para calmar
mis nervios adyacentes.

Y no duelen las heridas,
no escuecen ni desaniman.
Que mi vida,
más que diáspora,
es una vuelta enloquecida.

Ese tacto inquebrantable
con una suavidad impenetrable;
las pupilas clavadas e
n un eterno aceptable.

Vislumbrados caminantes
que hacen sus pasos gigantes.
El retablo de dos jóvenes
nacidos para encontrarse.

Éssers Eterns

I es van seure davant de l’infinit per postergar la seva eternitat individual; però alhora feta de la unió de dos cossos que eren místics el un per l’altre. 

I a la fi el foc del temps, fonent la seva passió en una xarxa de vidre al mes profund de l’univers, allà on no semblava arribar mai la llum; però que tots dos plegats la van portar per separat i fer de la foscor una reticència en la posteritat.

I allà els nous amants, mirant-se en paral·lel, buscant respostes en la seva pell. Es miraven curiosos, no sabien qui eren ben be. 

El foc semblava apagar-se per un instant, però de nou l’eternitat no els deixava marxar; i fonien els seus llavis en un petó descomunal que feia pell de gallina fins al més desesperançat.

I es buscaven, i no es trobaven. I cridaven l’un per l’altre, i habitaven en els seus cors una futura història de tornar-se a trobar. 

Il·luminaven les parets del pou fosc la cendres de la seva passió, i el mal s’irritava a cada pas; nos els deixava tornar-se a trobar. 

I ell escampava el fum pel nas; i ella, alta i esvelta, li tendia la ma. I superaven el mal, i al final es tronaven a retrobar. 

I l’infinit es feia petit i l’eternitat es començava a escurçar, perquè els dos amants es tronaven a forjar. 

Hiván Ramone

Sara.

Desconocidos que se conocen
a golpes de noches de insomnio.
Cuerpos desnudos
en un amanecer ominoso.
Sueño diurno
por una noche de insomnio.

Vueltas de tuerca
a la luna escondía.
Noches
de fiesta infinita.

Camino andado,
en la oscura habitación.
Desconocidos encontrados,
cantando esta canción.

Tus labios,
llenos de secretos.
Mis ojos,
llenos de lamentos.
Tu cara,
perdida en este instante.
Mi alma,
que ella misma se renace.

No somos nada,
somos casi todo.
Somos la misma noche,
que muere cada mañana.

Hiván Ramone

Ja no som

Que era el vent qui cridava.
Que era el temps que no esperava.
Havíem nascut per ser eterns,
havíem viscut per ser-hi al moment.

Ara el temps no ens espera,
ara la nit ja no ens vetlla.
El sol busca la lluna,
la lluna les estrelles.

I així la nostra trista estela,
s'apaga en l'ombra,
s'acaba en l'era.

I la sorra ho cobreix tot,
i l'oblit s'aferra al poc
que de mi queda al teu cor.

I aquí jo, buscant-me.
I aquí tu, oblidant-me.
I ja no som,
ara cadascú és per si sol.

Hiván Ramone

Donde habite el olvido

¿Dónde están las horas muertas
que en el cielo se desvanecen?
Dolor, perturba; el pesar de los años.
¿Dónde los cantos verdes
que en el alma hieren?

¿Dónde las finas brisas
que en las tardes nos pierden?
¿Dónde las piedras inhertes
que nuestras alabras mecen?

Se acabó volver de nuevo,
terminó mecer el cielo.
Vimos, perdidos, el lamento;
perdidos, también, en nuestro ego.

Blanden los viejos escudos,
las espadas se tuercen.
Los jóvenes, mudos,
ya en la nada desvanecen.

Lamentos, penumbra;
el pesar de los años.
Dolor, perturba;
el pesar de los años.

Acecha tras la sombra,
esgrimida en el viejo portal.
El dolor escombra
previo al umbral.

Allá van,
donde habite el olvido;
allá van,
donde todo es retorcido.

Hiván Ramone



Yo, Lucero del Alba


Gime el viento en mi alma, helada y perdida en el alba...
Aparca el tiempo
sus alas de espuma
en el ventanal de mi alma,
en la soledad de mi pluma.

Resuenan campanas cupidas,
cupidas de sueños amargos,
de coloridas pesadillas.

Gime el viento en mi alma
helada y perdida en el alba,
alba que tiene en mi alma
pintado tu color, esmeralda.

Cuento la horas que pasan,
los minutos que se marchan.
Vuelve el gilguero con ansia
a cantar al lucero del alba.

Se escapa, se escapa mi calma.
Me pierdo en el tiempo
y rebusco mi arma.

Adiós, adiós bella;
que ha sido por ella
que he perdido mis huellas.

Hiván Ramone

Bebimos el mar


Bebimos de los vientos y tempestades infinitas,
para acabar de nuevo en una eternidad maldita.
Tiramos de los barcos y las fuentes marchitas,
para acabar desamparados en la soledad adscrita.
Perdimos el Norte de los tiempos,
corrimos para alcanzar a Eros.
Apagamos nuestra voz en el adiós
que gritaba “No quiero veros”.
Estañada la fría verdad,
consumida toda tempestad;
nos dimos por vencidos del verso,
con un sinsabor terso.

Hiván Ramone


Primavera de Oriente

Una amapola estridente
susurra al oído,
que un viento de poniente
ha vencido.
Y un árbol de hoja perenne
que ha caído
viene a cantar a Oriente
un himno abatido.

Es el sol de media noche
con sus rayos apagados,
el que le dice al fantoche
que está acabado.
Y es el negro azabache
que se ha hermanado
con el perfil de una hache
pintada en el vaho.

Hiván Ramone.


Pincel de Flores.

Una rosa roja,
Un pétalo azul.
Una pinta mora.
Todo en el baúl.

Diez días de diciembre,
treinta noches de septiembre.
Una dama de triste rostro,
gime al viento tosco.

Una gaviota distraída,
trae el frío del invierno.
Y un sueño decaído,
se duerme en su seno.

Un rayo de sol da aliento,
a mi canto de lamentos.

Quien no quiere,
es por que teme.

Quien no canta...
¡Ay! del que no canta.
Que es el canto de la noche
quien da brío a este fantoche.

No se quien escribe en prosa
lo que vuela una mariposa.

Hiván Ramone

Historia de un sueño


Soñé ser rey y desperté siendo mendigo. Soñé ser dios y desperté siendo rebaño. Nací pobre para soñar no ser vasallo. Y así, soñando ser lo que no era; descubrí que en los sueños de delirios de grandeza, yacen esperanzas de hombres y bestias.
Necios bastardos de sangre infame luchan por ser hombres de linaje, y en la oscuridad de la noche sin luna despiertan entre sudores de plomo acre. Dioses broncos desde el cielo observan las macabras historias de estos hombres, y se divierten, si que se divierten viendo la escena tan mala y lamentable. Las ilusiones de esos hombres le enseñan el camino recto, y las elegías de muerte y sangre, matan a esos dioses, ahora infames. Mientras, en la ciudad que nunca duerme y en la tierra de poniente crecen sombras magistrales de ocre y verde.
Hombres sabios callan, hombres tontos demasiado hablan. Profetas profanos de corazón cristiano anuncian el fin del mundo y la campana del naufragio. La luz de la razón ensombrecida por lo sagrado, renacerá tarde o temprano. Siglos oscuros esperan al hombre en las tinieblas. Croan pájaros y pían ranas. Lloran estatuas y aparecen hadas. Gritos de desconsuelo y lamento por los tiempos pasados, evocan sombras de amor derrotado.
Linaje burgués podrido es la clase dominante, y el pobre obrero muere, muerto de hambre en la calle. Promesas de democracias nuevas que recuerdan viejas guerras, hacen morir al hombre que forjó la hoz, que fundió el martillo.
Estudiantes de dintel violeta se aburren con su libreta. Y pensando en la botella y salir de fiesta, no saben las que se les echa. Viven su “carpe diem” y mañana gritarán “ubi sumt?”. Lo que les cabe esperar no lo se, solo que nunca vendrá.
Pero más allá de estos sueños rotos, yace la esencia del hombre que antaño fue mono. Quizás fuere todo mentira, quizás será verdad. Yo lo medito en silencio y en la mas oscura soledad.

Hiván Ramone

Desde el cielo con amor


Muerte viene, muerte va.
¿Es el cielo lo que espero?
o ¿Es el amor del más allá?
Muerte vino, y me llevó;
después la vida no me encontró.

Desde el cielo con amor,
yo redacto a tu corazón.
Y aunque te llegue este dolor,
nunca busques mi perdón.

Si mi enfado y tu pecado,
si tu forma de errar;
pues esto esta acabado
y no volverá a brotar.

El sol no volverá más,
la noche se quedara atrás.
Ahogar tus penas sera condena
en esta vida llena,
una vida de pena.

Ya no quiero seguirte,
ya he dejado de amarte;
y aunque venga de Marte,
no seré tu desastre.

Desde el cielo con amor,
yo redacto a tu corazón.
Y aunque te llegue este dolor,
nunca busques mi perdón.



Hiván Ramone

Debe ser primavera.

Primavera, blanca flor.
Primavera, claro verde.
En tu esencia es el olor,
que en ti me pierde.


Mariposas alegres bailan.
Pájaros multicolor cantan.
El sol a la lluvia espanta,
y la canción nace en la garganta.


Margarita, flor de nieve;
en tu olor,
mi cuerpo se pierde.
Y en tu olor
la hierba hiere
tu piel color nieve.


Perros, gatos.
Gatos, perros.
Semana Santa,
¡Adiós encierros!


El lobo, mas que aullar, canta.
Y no habla su buche,
mas bien la garganta.


Otra vez Primavera,
tu canción me altera.
No fue la larga espera,
sino jugar en tu era.


Hay un barco de oro puro,
en tu piel blanca y al desnudo.
Leche blanca y pasto verde,
vuestro sabor me pierde.


Tu melena ondea al viento
como olas en el mar.
Me da fuerza tu aliento,
y tu voz singular.

Ya no quedan lágrimas

Ya no me quedan mas lágrimas,
ya no me quedan mas llantos.
Mi cuerpo es como un ánima,
que busca busca nuevos cantos.


La noche fría envuelve mi rostro,
cuando pasan largos días sin ti.
La mañana oscura borra un sollozo,
al no encontrarte aquí.


Y con mi alma en un puño,
con mi corazón en pedazos,
sabes que acuño
mi vida en trazos.


SECOS MIS OJOS,
MUERTAS MIS PUPILAS.
Cristales rotos,
no hay más sonrisas.


Hiván Ramone.