Miedo.
Saltar por la ventana, huir, escapar de la sombra larga que se estira tres de
mí. Y la ruleta gira lenta, la bola se apresura a caer en el maldito número, y
yo tiemblo. Miro hacia atrás y hacia delante, demasiado peso en un lado, demasiada
incertidumbre en el otro.
Repaso las hojas del diario, un diario de tiempo y fuego, de hielo y
sangre. Dolor y alegría, desazón y camaradería. Y de nuevo miedo, de mirar al
frente, de enfrentar el duelo.
Caigo a los pies, forcejeando con el tiempo, y la ruleta aún sigue girando
lenta.
Sudores fríos, latidos huecos. Sabor a sangre y olor a fuego. Queman las
viejas heridas, vuelven los antiguos anhelos. Y miro al frente, pero no veo.
Miedo.
Dejar al viento los recuerdos, los frágiles y fugaces momentos. El abismo,
el desconsuelo. Me rompo y me reviento, me flagelo y me revuelco en el frío
yermo marchito de los viejos tiempos. Nada, hielo y nada. “No te rindas, por
favor no cedas”, leo entre las rejas de la vieja habitación desierta, pero
perdí el agua del mar en un vaso roto, conté los granos de arena de la playa de
mis recuerdos, y perdí allí el último vuelo.
Caigo y me rindo, me desangro en el yermo. Corro descalzo sobre los
cristales rotos del mágico espejo. Y la sombra que me persigue se levanta, se
alza con fuerza y sed de venganza.
Miedo.
Cae sobre mí su larga manta, que me ata a su espalda. La sombra alta, con
ojos blancos y olor a hojalata. Aprieta mi garganta, el sabor metálico me
abrasa. Y en la cueva del olvido yazco mientras canta el viejo himno del
vencido, del perdido camarada. Y yo cedo sobre mí mismo, para escapar de su
atormentada estampa.
No tengo fuerza, me he roto tantas veces que ya no sé cómo recomponerme.
Miedo.
De nuevo en el vacío, solo y sin abrigo. Frío, olvidado, perdido. ¿Quién
soy? Desesperanza, doblegado y derrotado por la oscuridad. Agonizo en un rincón
húmedo y desolado. ¿Dónde está el rescate? No va a venir, nunca hubo rescate.
En las dunas de negra arena, en el pasto marchitado iluminado por una luna
de sangre oscura, allí yace el cuerpo inerte de la luz y la esperanza.
Hostigado por los oscuros presagios de la noche sin estrellas, cayó rendido y fue
despellejado por los buitres bajo órdenes de la larga sombra.
Miedo.
Ya no soy, ya no estoy. La sombra regresa, pero ya no me resisto. No huyo,
no puedo. Me controla el miedo, y caigo a sus pies de nuevo. Clava su mirada en
mis ojos marchitos. Tiemblo. Empiezo a desaparecer, me estoy deshaciendo. Solo
quedan piel y huesos. Desaparece la poca luz que albergaba, la sombra se la
traga.
Miedo.
Me arrastra al pozo donde lanza mis recuerdos. Y ahora, frente a mí pone al
abismo. Extiende su largo brazo dándome una señal inequívoca: “Es la hora”.
Desde su altura, de nuevo con su mirada fijada en mí, me ofrece el último paso
hacia el final: El Abismo, dónde está el principio y el final. Y salta primero
el miedo, que abandona mi cuerpo.
Final.
Dubitativo, sigue su brazo extendido, que indica hacia dónde he de
dirigirme ahora. Un pequeño, único y sutil paso. El final de todo, ahí, donde
yace lo que fui, lo que soy y lo que nunca seré. Cierro los ojos, mientras, con
su otro brazo, me incorpora. Controla mi cuerpo, pero yo no me resisto, no
tengo fuerzas, ya hace tiempo que me abandonaron. Unos segundo más y empiezo a
caer.
Aún sigo cayendo.
2 comentaris:
Ets, has sigut i sempre serà màgia pura <3
"Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar"
No estás obligat a caure, pots crear un espai de resistència i mantenir-te trencat. Aquesta condició és acceptar que hi ha possibilitats i permet no creure't la imatge del que "hauries de ser". I aquí és on rau tot, no "s'ha de ser" res que ens violenti, això implica que deixes entrar la idea, producte de la follia social, que ens empeny a un ideal, però no avisa que aquest és impossible per se. Una abraçada company!
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