Recluso de un sueño
Y de repente fue como si el mundo se hubiese aislado de mi. en ese instante mi cerebro volvió al primer recuerdo. Pasaron muchos más. Todos y cada uno de ellos mas tristes.
Cuando el mundo volvió a recibirme, me encontraba tirado en el sofá del salón. Me restregué los ojos y me propuse levantarme. Lo cierto es que no me había dormido, pero algo similar había sucedido.
Ahora mi cerebro daba vueltas a algo, maquinaba un nuevo plan de asalto al mundo. Habían pasado años desde que decidí no saber nada de la sociedad, pero las provisiones de comida se habían acabado y no estaba dispuesto a morir de inanición. Me di una ducha, me cambie y de la nevera cogí el último menester que quedaba. No tenía móvil, tampoco teléfono fijo. Apenas conocía ya el mundo de Internet, y los periódicos eran un enigma. Sin televisión sin nada con que contactar con el mundo exterior a esas cuatro paredes que durante los últimos 4 años habían sido mi cárcel personal; paredes llenas de horas y horas de divagación y delirio, en las que sus estanterías estaban llenas de algo mas que libros empolvados. esas cosas eran mis textos y escritos que durante tanto tiempo habían llenado mi mente.
Al acercarme a la puerta vi todo el correo, empecé a revisarlo y encontré cartas de todo tipo; desde cartas de la compañía de la luz y agua, hasta cartas de mis seres queridos.
Las acomodé encima de un chinero de la entrada de la casa y cogí las llaves.
Respiré hondo y abrí la puerta, el mundo exterior me abría sus brazos de nuevo.
HIVÁN RAMONE
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