“Un silencio en medio de dos nadas. Oscuras y eternas noches de tormento en el rincón más profundo de mi casa. Frías y cortas mañana esperando a que algo llegue de donde sea. Tiempo amigo, soledad compañera, do en el horizonte marcaba el camino, ahora no. Quién soy y a dónde voy, me pregunto. Que sutil resulta oír a los iluminados, pero me río más con los videntes. Perra vida, viva muerte. Un aliento baña mi ser, un aliento de orgullo y odio hacia quien no sabe apreciar lo verdadero. Me voy, si. Peor primero testaré un gran golpe contra el mundo, uno del que tardará tiempo en recuperarse. Así el hombre vil y despiadado; el hombre honesto y bondadoso verá el mundo como siempre lo debió haber visto. Y querido amigo, como las palabras se la lleva el viento y esto se puede hacer papel mojado, dejaré de hablar y me remitiré a los hechos.
Adiós, y hasta pronto; si es que nos volvemos a ver. Sabes que no creo en más allás ni cosas por el estilo, para ti toda la religión y las beatificaciones y canonificaciones.
Tu querido amigo, Anónimo Fernández.”
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