Siento la oscuridad tan cerca. Parezco un alma en pena, o peor, que el alma se me cuelga del cuerpo. No consigo una sobriedad perpetua. Me distancio del mundo demasiado rápido, quizás. Hace demasiado frío y demasiado calor. Hace tiempo que no hace nada.
La vorágine perpetua, una irónica sonrisa, un lamento en el aire. Quizás un robusto sinfín de ociosidades, de sexo sin sentido, salvaje, solo sexo. Perdido hallo a mi yo, perpetuando su desaparición en los tiempos malditos en que tus labios robaban mis besos.
Que caída idiota, que recaída. No volvemos, no nos reconocemos. Nos han perdido, la vida y el tiempo.
Que descuido, ¡OH!, que momento, aquel de no hallarte y justo después olvidarte. ¿Quién eres? ¿Quienes éramos? ¿Quién soy? Nada, solo eso, ya nada. ¿Y qué? No nos vinimos a buscar, jamás nos volveremos a encontrar, nuestros corazones digo.
No intentes mirarme, estoy huyendo de ti y tu recuerdo. Muerte a nuestra memoria deseo. ¡QUÉ SE VAYA! ¡QUÉ SE PIERDA EN EL TIEMPO!
No, no te quiero, no te amo. Nos desprecio, no a ti en particular, a nosotros, juntos, los que fuimos y ya no somos. Aléjate de mis recuerdos, igual que te has alejado de mi corazón, y no atormentes a este pobre desagradecido, embustero y ebrio caballero.
Maldad son estos atormentados recuerdos, de nosotros, juntos, siendo uno. Que malos ratos ahora, con el vacío que los buenos ratos van dejando. Que retorcidos el destino, la vida, el universo. Que duro todo, que comienzo más amargo. Pero comienzo, vuelvo a empezar. Construyo algo nuevo con algunos trozos viejos, pero no nuestros, ni tuyos, solo míos.
Hiván Ramone
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