En busca del eterno resplandor de una mente sin recuerdos
Gemía el viento aquella fría noche de invierno. Notaba como venía morir a mi ventana. La luna estaba huida, y el silencio de su ausencia hacía la noche mas oscura y silenciosa. Mi cama fría me hacía recordar aquellas noches gélidas en casa de mis abuelos; noches como esta, álgidas y oscuras.
Mi cuerpo yacía en la cama como un bloque de mármol, frígido y pesado. La nostalgia bañaba mi cuerpo y mis entrañas. Ya no era el mismo hombre que algún día soñó con el futuro, para este hombre el futuro no era mas que una utopía inalcanzable del mañana. Los vergeles de mi corazón estaban marchitos, y solo una nube de sombras, malditas sombras, reinaba en el.
En la mesita de noche, un vaso, una botella de whisky barato y un bote de analgésicos que llevaba mi nombre. “Ese cóctel explosivo me hará volver del mundo del que vine.” Pensé. Recordé que si aquella llamada no se hubiera retrasado, ahora seríamos uno. Pero se retrasó; y yo en la dura cama sentía como el pasar del tiempo, el mecánico sonido de las manecillas del reloj, penetraba en lo mas profundo de mi mente; creando un compás de réquiem.
El viento seguía azotando con fuerza en el exterior, muriendo en mi ventana. Abrí los ojos para buscar una vez mas la luna, no estaba. Podrías haber sido tu mi luz, pero no quisiste; te fuiste y ahora todo es oscuro como la tumba en la que algún día yo yaceré.
Como no había luz, todo era oscuridad; ante la ineluctable necesidad de nicotina en mi organismo, busqué a tientas el paquete de tabaco y un mechero en la mesita de noche donde se encontraban el vaso, el whisky y los analgésicos que llevaban mi nombre.
Encendí el cigarro y noté como el humo recorría la garganta hasta mis pulmones. Cuando lo expulsaba, unas veces por la nariz y otras por la boca, la nube de dióxido de carbono y nicotina, permanecía rodeando durante varios minutos mi, casi, inerte y frío cuerpo, que yacía en la fría cama.
Mi boca estaba seca, la notaba pastosa y me costaba tragar saliva. Empezaba a tener sed. Quizás eso me hizo volver en si, o quizás estaba cansado de escuchar al viento invernal gemir y venir a morir a mi ventana. Me levanté pausadamente de la gélida cama, que cada vez parecía mas grande. Desentumecí levemente mis músculos y en la oscuridad caminé hacia la puerta, no sin antes tropezar con todo lo que se encontraba entre ella y yo.
No quise dar la luz, me había acostumbrado ya a esa oscuridad. Salí de aquel cuarto y me introduje en el baño rápidamente antes de que nadie de los que convivían conmigo en la casa, empezase a hacer preguntas. En el baño si que prendí la luz, no podía ver ni mi mano a un milímetro de mis ojos abiertos como los de un búho. Tras beber un vaso de agua y calmar mi sed, me vi en el espejo después de varios día encerrado en mi cuarto alimentándome solo de bolsas de patatas y comida por el estilo. No tenía buen aspecto, pero eso ya daba igual.
Regresé a la habitación con la misma rapidez con la que había salido, evitando en todo momento encontrarme con alguno de mis compañeros de piso. Cerré la puerta y fui hacia la cama de nuevo, “¡Qué álgida y grande se ha vuelto esta cama!”, pensé.
. . .
Los sueños rotos y el polvo de mi corazón adornaban las paredes de mi alma; y así, poco a poco, mi luz interior se apagaba como un día hará el sol.
Mi cuerpo vuelve a ser un bloque de mármol, rígido y helado; una cosa indolente, sin vida. Y la noche invernal seguía pasando, y en mi mente empezaban a aparecer los versos mas tristes que si quiera Pablo Neruda podía escribir. Esa lentitud de la noche hacía inalcanzable el amanecer, incluso para mi corazón; donde, con el paso de los segundos, la nubes de sombras, se convertía en una borrasca de lluvia, tormenta y vientos huracanados que asolaban el paisaje de mi interior.
Solo quería el eterno resplandor de una mente sin recuerdos, porque ya ni las pequeñas cosas, las pequeñas alegrías del día a día eran alegres. Mi vida era un tormento, un incesante tormento que ahogaba mi mente y mi alma, arrastrando a mi corazón.
Los buenos recuerdos, los recuerdos alegres, se veían ensombrecidos por todos los malos momentos desde, que sin quererlo, han precipitado mi caída a un hoyo oscuro y profundo donde todo se ve en gris y negro; porque los colores se han evaporado.
Tirado, mas bien derrumbado, en esa congelada cama; miro al vacío, hacia la nada. Las sombras no están ahí fuera, están en mi. Un ángel caído, con las alas rotas y moribundo, se expande por todo mi ser.
El silencio de la noche es la sinfonía que llama a la muerte, un macabro réquiem de ultratumba. Nací siendo nadie, y moriré siendo nada. Nadie me recordará, solo seré una ánima mas que vagará por este frívolo mundo, un mundo infame de clarín y trompeta. Los vientos del mañana mueren en mi alcoba, chocan y regresan de donde han venido.
Sin familia, sin amigos, sin nadie con quien compartir mis sueños; me había convertido en un despojo humano, al que el destino lo había condenado al olvido. Un olvido lóbrego, sibilino, del que solo se podía salir de una manera.
Se acerca la hora, y este es el principio del fin. Una vida plagada de fracasos, desamores y sueños rotos; una vida que no vale nada.
Ya doy por perdido todo y insuflo la última bocanada de aire para fundirme en el vacío de esta umbría noche este ciclo invernal. Para ello cogí de la mesita el vaso y lo rellené de whisky. Lo volví a posar para coger el bote de analgésicos que llevaba mi nombre; lo abrí y metí en la boca todos los que pude. Tiré el frasco y cogí el vaso relleno de whisky para beberlo y hacer esa mezcla explosiva; ese “Cóctel Molotov” que me haría dormir “el sueño de los justos”.
Y así, durmiéndome poco a poco, me adentré en el verdadero mundo de las sombras que desde hace tiempo invadía mi corazón de polvo. Ahora en mi mente se empezaba a ver ese eterno resplandor, el eterno resplandor de una mente sin recuerdos que hacía tiempo buscaba; y al unísono se escuchaba un réquiem de soledad y silencio, un abrumador mutismo de oscuridad que me llevaba lejos de todo dolor y sufrimiento.
Hiván Ramone
2 comentaris:
FLIPANTE :O
Es muy bueno.. he estado leyendolo ahora.. jeje un besazo hivann
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