Última Batalla

Hemos luchado en las batallas más feroces. Hemos sufrido incontables derrotas a manos de nuestros más fieros enemigos. Nos han introducido en el hall de los vencidos y las mofas de los que pasaban nos enrojecían hasta el alma. Restaron las espadas y se quebraron nuestros escudos. Incluso nos dejamos avasallar en el último instante antes de caer para siempre en el olvido; pero no conocemos más vida que la guerra, la lucha armada contra la injusticia, pelear sin cuartel hasta desfallecer  ante un enemigo tan poderoso que encogía hasta el más fuerte de nuestros corazones.
Sin embargo, a pesar de todo esto, seguimos vivos una vez más, seguimos teniendo fuerza suficiente para alzar la última espada y poder atestar otro golpe. Estamos curtidos en el encaje de estacazos, en la vieja lucha de una fría mañana de invierno, en las largas batallas hasta la caída del sol.
Hemos nacido en un mundo de horrores, de desesperanzas, de desasosiego y de dolor. Un mundo que nos han arrebatado, que era nuestro, de nuestros ancestros. Un mundo, ahora impío, que da coletazos de muerte. Un mundo recluido a un rincón ínfimo de un universo trastocado por las alteraciones de la historia tergiversada. Un mundo que, a fin de cuentas, ya no es un mundo; solo una sombra en la oscuridad de su propia soledad.
Somos un todo, dividido en diversas nadas. Somos un cúmulo de circunstancias inverosímiles, llenos de vida y de muerte. Íbamos a ser garantes de futuro, la generación bendita; pero contra todo pronóstico, carecemos de un pasado de verdad y en nuestras almas ha pesado tanto, que nos hemos convertido en la generación maldita.

Ahora no nos queda apenas nada, en ocasiones ni tan solo luz. Esperando un último grito, una última llamada a la batalla, para volver a tener un nuevo instante de determinación, una última oportunidad para obtener la gloria, ser eternos, y dormir para siempre el sueño de los justos.

Hiván Ramone